• Ana Abbona Santin

La búsqueda incansable

#bienestaremocional

¿Podemos entrenar nuestra madurez emocional?



A menudo escucho esta pregunta y me voy a adelantar a darte la respuesta: Sí. Se puede.


Cuando hablamos de madurez emocional (o inteligencia emocional) nos referimos a la capacidad de comprender nuestras emociones y las de los demás, a poseer habilidades sociales y de la habilidad de vincularnos adecuadamente con nuestro entorno.


Esta madurez, a la que seguramente aspiras, se compone de varios elementos:

Autoconocimiento: Profundizando en la percepción de quién eres, de tus fortalezas y de los aspectos que deseas mejorar, puedes establecer tus metas de bienestar y madurez y diseñar las estrategias más eficientes para alcanzarlas.

Autocontrol: Gestionando tus emociones evitando desbordes e impulsos eres capaz de actuar sin dañarte o dañar a otros.

Empatía: Explorando el mapa de tus emociones y aceptando las emociones de las personas con las cuales te vinculas estableces relaciones familiares, afectivas y laborales cada vez más sólidas y gratificantes.

Resiliencia: Superando las situaciones adversas, extrayendo de ellas el aprendizaje que te hace crecer y ser más fuerte, reconoces recursos personales que puedes utilizar cada vez que los necesites.

Desapego: Superando tus barreras mentales eres capaz de abandonar tu zona de confort y construyes tu confianza más allá de tus necesidades y tus miedos.


La madurez emocional se puede entrenar mediante el ejercicio de ciertas capacidades:

Atención: Al ejercitar tu atención serás consciente de tus emociones y las emociones de las personas con las que te relacionas, estarás en condiciones de adaptarte a tu entorno, tu equilibrio emocional mejorará, y serás capaz de actuar con mayor compasión y menor enjuiciamiento. Si estás enfocado vas a aprovechar tus experiencias y aprenderás de tus logros y de tus errores.

Comunicación asertiva: Cuando manifiestas una actitud positiva al relacionarte con los demás, expresando tu opinión sin descalificaciones, quejas y reproches por situaciones pasadas, encuentras la forma más eficiente de interactuar.

Escucha activa: Al formar parte de una conversación puedes manifestar expresamente que estás presente, además de poner tu atención en el lenguaje no verbal, de manera que tu interlocutor sienta que está comunicándose exitosamente contigo.


Como te dije el principio, puedes entrenar tu madurez emocional. La clave está en tu voluntad y tu compromiso. Ambos recursos serán necesarios para decidir qué cambios deseas para tu vida y para adoptar el cambio permanente y la mejora continua como dos herramientas que sostengan e impulsen tu propósito.


Abrazo,

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